2017
Un territorio de dualidad, complejo
y áspero, de sentir melancólico,
aunque a la vez enardecido y mediterráneo.
Cuando la visité en 2017, todavía Siria, adyacente al Líbano, sufría una guerra que entraba en su séptimo año sin atisbos de que la espiral del horror se acercará a su fin. En un continuo anhelo por buscar la percepción de la "belleza" allí donde creemos difícil poder encontrarla, mi idea era, además de poder descubrir su historia milenaria a orillas del Mediterráneo, también conocer su fisonomía más actual y compleja.
Aunque visité ciudades como la antigua ciudad de Trípoli, o Biblos, origen de la civilización fenicia o cuna del alfabeto, mi objetivo era conocer otros lugares mas contemporáneos como, por ejemplo, la prisión de Jiam, en el sur del Líbano. Esta fue inaugurada en 1985 por la fuerza israelí, que la dirigió hasta 1987, cuando le transfirió el control al ESL. En el 2006, durante la guerra con Hezbolá, Israel bombardeó la prisión de Jiam para que no quedaran huellas o recordatorios de crímenes contra la humanidad. En aquel lugar se torturaba a los reclusos, que sufrían patadas en todo el cuerpo, aplicación de choques eléctricos, y eran colgados, por lo general, desnudos, al sol o bajo la lluvia. Estaban allí sospechosos de darle información a Hezbolá, el grupo islámico que encabezó la guerra de liberación contra la ocupación israelí. Otros sencillamente por enconos personales. Miles de vidas fueron destrozadas y muchas familias quedaron separadas.
Allí pude, al fin, hablar con la división de comunicación y miembros Hezbolá. Conocí también a Abu Ali (Así se llamaban todos los que me presentaban, no me daban su nombr real por seguridad), que fue ex-prisionero en la cárcel de Jiam, y que me regaló una flor en señal de paz y amor. Él mismo me enseñó la prisión —lo que queda de ella—, y me explico la tortura que sufrió de mano de los soldados israelíes. Una experiencia que nunca olvidaré.
Para poder llegar hasta allí es inevitable ir por carretera hasta Sidón y luego desviarse en dirección a Kfar Melki y Kfar Fila. Son 45 kilómetros de camino montañoso jalonado por las fotos de los mártires y los líderes más carismáticos: el imam Jomeini, Alí Jamenei, el jeque Nasrallah, el Imam Musa Al Sadr, fundador de Amal, Nabih Berri, Emad Mughniyeh, Hassan Haulo Laqquis, Abass al Musawi, o Mughniyeh. Es increíble, pero toda la orografía es muy parecida a la de España, es evidente, es Mediterráneo. En la zona todavía se puede advertir la destrucción causada por los violentos bombardeos del ejército israelí llevados a cabo a lo largo de los últimos 40 años.
El museo del Mlita se comenzó en agosto del 2010 y domina unos 60.000 mts² -de los cuales 5.000 mts² conciernen a las edificaciones- En este ambicioso proyecto se invirtieron más de 20 millones de dólares —subvencionados en parte por la República Islámica de Irán—.
Y para maridar todo lo escrito, adjunto por una parte una serie de fotografías que describen el sentir melancólico, aunque a la vez enardecido y mediterráneo de este singular país; y un vídeo que explora el Líbano contemporáneo más complejo y áspero.1
—
1 Viaje realizado en septiembre de 2017.