Azoteas de Baqa’a                                                            
2024
La vida en las azoteas de Baqa’a:
otra forma de soñar la libertad.

A pocos cientos de kilómetros, Gaza sufre la devastación de un genocidio. Mientras tanto, para los habitantes del campo de refugiados de Baqa’a, al atardecer, el vuelo de las palomas se convierte en una metáfora de libertad.





Con un pañuelo rojo en la cabeza, ojos azules y una sonrisa radiante, Asmahan espera dentro de su coche negro frente a la plaza de Hashemite. “Nací en Palestina. Te llevaré a Baqa’a, el lugar donde vivió mi padre”, dijo al iniciar el recorrido.

Juntos emprendimos los 20 kilómetros que separan el campo de refugiados más grande de Jordania de su capital, Amán. Durante el trayecto, Asmahan habló sobre la historia de su familia y las tradiciones culinarias gazatíes. A medida que nos acercábamos, ya en el horizonte se vislumbraba la llegada a Baqa’a, hogar de más de 120,000 refugiados palestinos. Dependiente en gran parte de la ayuda internacional, especialmente de la UNRWA, Baqa’a enfrenta importantes desafíos. Aunque se han puesto en marcha iniciativas para mejorar las condiciones de vida, el campamento sigue luchando contra la precariedad.

Pero a pesar de las dificultades diarias, la vida sigue adelante. Y es que el sentimiento de comunidad, y también los rituales, mantienen viva la esperanza de los habitantes para sobrellevar su día a día. “Prefiero vivir en el campamento que en cualquier ciudad. Hacemos lo que queremos sin problemas, no necesitamos salir de aquí”, contesta un residente a la pregunta sobre cómo es la vida en el campo de refugiados. En las azoteas, que son territorio de la esperanza, nos espera Ahmed Al-Sarisi, de 19 años, con su sobrina Sham. “Su padre le puso ese nombre por su amor por el Levante”, explica Ahmed. “Ella está estudiando y es muy feliz. Ahora está en primer grado de primaria”.

Ahmed abre uno de los palomares: “Muchos refugiados sienten una especie de libertad soltando estas palomas, es como un ritual”. La cría de palomas es una actividad común en países de Oriente Medio, como por ejemplo Egipto, o también en campos de refugiados como los de Siria y el Líbano. Se ha convertido en una pasatiempo y en un sentimiento de evasión para los residentes, que invierten tiempo y dinero en esta actividad. Al-Zaghloul nos muestra una paloma, destacando que era la mejor del palomar:
 “Las ganancias provienen de la cría de aves y de la captura de otras aves que no son nuestras. Después las vendemos y así ganamos dinero”. Otro sobrino de Ahmed, Qusay Al-Sarisi, de 12 años, nos cuenta que prefería estudiar: “Ahora estoy en octavo grado”. Aunque el sueño de Ahmed es dedicarse a cultivar miel, como su hermano Yasser Al-Sarisi.

Al caer el sol, grupos de palomas de diferentes colores surcan veloz un cielo azul eléctrico. Yasser Al-Sarisi señala un cartel sobre un palomar: “¿Sabes lo que dice ahí? Pone Palestina libre”. Continua emocionado: “Enseñamos a nuestros hijos que Palestina es nuestro país y nuestra causa, y que no debemos abandonar nunca esa idea. Este es un deber de cada persona, sin importar su condición”.

Aquí, todos están todos informados sobre lo que ocurre en Gaza. El impacto de esta tragedia ha afectado profundamente a la comunidad de refugiados palestinos en Baqa’a. Aunque el campamento se encuentre relativamente alejado del conflicto, el aumento de las tensiones ha generado una mayor preocupación entre los residentes. Como es de esperar, la comunidad de Baqa’a manifiesta un apoyo incondicional a los palestinos en Gaza, especialmente porque muchos de los refugiados en el campamento mantienen vínculos familiares o históricos con esa región de Palestina.

De repente Asmahan nos comenta que es la hora de volver a Ammán antes de anochecer. Debía continuar editando un documental sobre pueblos nómadas beduinos en Palestina. De camino al coche, ya sé que nunca olvidaré el sentimiento de dejar atrás esos trozos de libertad: ese cielo azul ahora casi oscuro, entre las estrechas calles donde ahora las palomas vuelan libres y se escucha el eco de la algarabía de niños jugando, tal vez, a soñar un mejor futuro.




Crónica escrita para DiarioRed el 09/10/24.

Camera:
iPhone 13 Pro. Azoteas de Baqa’a, (2024).


Sham de 7 años pensativa en la azotea de su casa.
Hermano de Hamza Al-Kouri.
Al-Zaghloul posa con su hijo en el palomar.
Qusay Al-Sarisi, de 12 años.
Muchos refugiados sienten una especie de libertad soltando estas palomas, es como un ritual.
Ahmed Al-Sarisi, de 19 años, nos enseña sus palomas mientras cae la tarde.
Un grupo de amigos esperan tranquilamente la hora para echar a volar las aves.
Vistas al sur del campamento de refugiados de Baqa’a.
Wael  Samhan, 32 años.
El interior de la casa de Yasser Al-Sarisi en el campo de refugiados.
Hamza Al-Kouru el “Coreano”, de 20 años.
Palomas preparadas para el vuelo.


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